Al frente de uno de los tres equipos ganadores del Ecotour Challenge 2025, Sara Villanova, Ariadna Rosas y Alejandro Barrachina vivieron numerosas experiencias ecoturísticas en el Parque Natural dels Ports. Su propuesta era fomentar la conciencia ecológica a través de un juego. Plantearon una gimcana educativa con un mapa interactivo en el que se proponía superar diversos retos en rutas ecoturistas por Cataluña. Una iniciativa para sensibilizar a los niños y niñas acerca del respeto al entorno natural. Toni Beltran, químico de formación y alma de Identitat, los acompañó para vivir el mundo rural durante una semana. El Parque Natural dels Ports es un ecosistema único en el Mediterráneo, ubicado en las Terres de l’Ebre, declaradas Reserva de la Biosfera. Aquí habitan hasta 1.300 especies, entre mamíferos, anfibios, reptiles y aves rapaces. Destaca entre ellos la cabra montesa. Su diversidad de hábitats incluye hayedos y bosques mediterráneos. Su paisaje agrícola, agreste y potente, conserva su aspecto más genuino y rural gracias a que estuvieron aislados geográficamente durante décadas. Aquí la agricultura y la ganadería siguen marcando el ritmo de sus habitantes y del territorio. Todavía conserva el encanto de los sitios pequeños, lejos de todo, donde todo el mundo se conoce, donde saludas y te paras a hablar con el pastor de cabras. La gente tiene un sentimiento de pertenencia muy fuerte, como explica Toni. El olivo, un árbol mágico Los paisajes de olivos centenarios de Horta de Sant Joan, donde se ubica Identitat, son el escenario de la primera toma de contacto del grupo con la cultura del aceite. Desde su molino, Toni elabora aceite de oliva ecológico de alta calidad a partir de la variedad empeltre, típica de la zona. Identitat forma parte de la Denominación de Origen Protegida Terra Alta, una de las cinco que hay en Cataluña. Según Toni, el olivo es un árbol mágico que tiene un simbolismo único a lo largo de la historia. Considera que atrae a la gente y asegura que no pasa lo mismo con otros árboles. Durante la visita, los ganadores recorrieron los campos de olivos e hicieron una cata de aceites. A través de su trabajo, Toni les ha mostrado la conexión consciente entre el ser humano y el territorio, lejos del estrés y el caos urbanita. Saborear el momento, sin prisa, coger del árbol y oler una aceituna, disfrutar de un atardecer dorado con aroma a tierra y vegetación… Son algunos de los momentos que aún se pueden vivir en esta zona de Cataluña. Viaductos, viñedos y olivos en la vía verde Sara, Ariadna y Alejandro, acompañados por Toni, continuaron su aventura rural subiéndose a una bicicleta y recorriendo la Via Verda de la Terra Alta, una actividad organizada por Montsport que también incluía un juego de pistas inspirado en la figura de Picasso. El pintor pasó un tiempo en esta zona y quedó fascinado con su peculiar e impresionante paisaje. Este antiguo recorrido de ferrocarril es ahora una ruta ciclista que une las estaciones de Arnes y Pinell de Brai. Atraviesa las sierras de Pàndols i Cavalls, con el río Canaleta como hilo conductor. Acompañados por el canto de las cigarras, recorrieron túneles como el de Prat de Compte, de 700 metros, además de otros viaductos que cruzan el paisaje de viñedos y olivos, característico de la comarca. Clotxas, cestos y recuerdos de la Terra Alta Otra de las experiencias que probaron fue elaborar una clotxa. Este bocadillo de payés, típico de la zona, en un pan vaciado —sin miga— y relleno con sardina en salazón, tomate asado, aceite de oliva y ajo. Esto era lo que comían los campesinos de las Terres de l’Ebre y resulta ser un contundente tentempié que da energía para afrontar una jornada rural. Aprender los oficios tradicionales de la zona se convirtió en una divertida actividad para todos. Primero descubrieron el proceso de realizar un cesto, secando las hojas de margalló (palmito) y comprobando la destreza de la cestera artesana a la hora de trenzarlas. En Mas La Llum también participaron en un taller de procesado de lana artesanal. Aprender a lavar, escarmenar y cardar la lana fue muy entretenido. Esta experiencia les sirvió no solo para trabajar la lana, sino para conocer la historia que hay detrás de cada vellón y descubrir el olor del campo donde pacen los pequeños rebaños de ovejas. Los pastores que las cuidan participan en estos talleres. Los rebaños de cabras y corderos son muy habituales en las Terres de l’Ebre, y se utilizan para limpiar los bosques y minimizar el riesgo de incendios. Toni ha querido compartir con sus invitados especiales una cena a base de carne a la brasa con all i oli. Su deseo es que los ecoturistas que visiten la zona disfruten del territorio, prueben sus productos y experimenten la naturaleza, y que cuando se vayan, lo dejen todo como lo han encontrado. «Somos una región pequeña que queremos atraer a un tipo de turista más concienciado con el patrimonio natural», asegura.