Situada en el corazón de la Costa Daurada y extendiéndose desde el Camp de Tarragona hasta el majestuoso río Ebro, la Ruta del Vino de la DO Tarragona nos invita a viajar por un territorio de luz blanca mediterránea, de playas de arena dorada y de fértiles llanuras rurales donde el viñedo convive desde hace milenios en armonía con los cultivos del huerto y del olivo. Recorrer esta denominación supone realizar un viaje increíble para descubrir cómo el saber de los emperadores de Roma se traduce hoy en día en unos vinos blancos excepcionales de macabeo y en unos vinos dulces de guarda y de misticismo puro que han sido valorados en las principales mesas del Vaticano durante décadas. Ven a descubrirlos. El sustrato de Tarraco y la catedral modernista de Nulles La identidad vinícola de la DO Tarragona no puede desligarse del Imperio Romano. En la época en que la majestuosa ciudad de Tarraco era la gran capital de la provincia de la Hispania Citerior, los poetas clásicos ya consideraban sus vinos de extrema finura y se exportaban por miles de ánforas a todos los rincones del Imperio. Un paseo guiado a través de los impresionantes monumentos romanos de Tarragona (con el sello de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO) sirve como excelente punto de partida para comprender por qué el viñedo y el puerto de la ciudad han ido de la mano durante más de dos mil años. Durante el final del siglo XIX, esta herencia vinícola se transformó a través del modernismo con la construcción de bodegas colectivas que se levantan sobre los viñedos. El emblema central de esta época es la histórica Cooperativa de Nulles (conocida popularmente como la Catedral del Vino de Nulles), una obra de arte de la arquitectura modernista diseñada por el arquitecto Cèsar Martinell que sorprende por sus majestuosas columnas y el aprovechamiento de la luz exterior.