Aquí, los viñedos suben de la tierra al cielo: desde las llanuras occidentales de 200 metros hasta superar los 1000 metros de altitud en la falda de los Pirineos. Además, generan una variedad de estilos y microclimas tan extensa como su territorio interior. Un mosaico sorprendente de siete subzonas donde la tradición de la viticultura medieval se une a la innovación más atrevida y respetuosa con el medio ambiente. ¿Todo listo para explorar este territorio asombroso de interior? Reserva tu viaje de descubrimiento de la Ruta del Vino de Lleida. El conocimiento monástico y la fuerza de la piedra seca La larga tradición de la viticultura leridana se remonta a los romanos, pero fue durante el siglo XII, gracias a la expansión de la orden del Cister y la fundación de monasterios, cuando el viñedo se convirtió en un motor cultural clave. El emblema histórico de esta época es el monasterio de Vallbona de les Monges, una de las joyas de la Ruta del Cister donde las monjas benedictinas han conservado durante siglos la calma y el cultivo de la tierra. Otro elemento patrimonial imprescindible de la zona son las construcciones de piedra seca de Les Garrigues, barracas y tinas históricas donde los viticultores de la época hacían la fermentación in situ, a pie de vid, aprovechando lagares excavados en la misma roca hace más de ocho siglos. Para los amantes del patrimonio civil, la visita a la majestuosa Seu Vella de Lleida (el castillo de origen medieval que domina toda la plana de Ponent) sirve como excelente punto de inicio para comprender la grandeza de este territorio de frontera, que se extiende hasta los impresionantes castillos del Urgell y los pueblos medievales de piedra del Pallars.