La historia del vino en el Bages viene de lejos. En el siglo X, los monjes del monasterio de Sant Benet de Bages ya lo producían. Con los siglos, el cultivo de la vid se extendió por la comarca y modeló el paisaje, la economía y la vida cotidiana de muchos pueblos. Entre los siglos XVIII y XIX, el Bages vivió una gran expansión vitivinícola, hasta el punto de convertirse en una de las zonas con más superficie de viñedo de Catalunya. Este crecimiento dejó una huella muy visible en el territorio, con bancales, tinas y barracas de piedra seca vinculadas al trabajo de la viña. Después del fuerte impacto de la filoxera, a finales del siglo XIX, el sector perdió fuerza, pero a comienzos del siglo XX recuperó impulso con iniciativas como el Celler Cooperatiu d’Artés. Este legado, mantenido a lo largo del tiempo, encontró un nuevo reconocimiento con el nacimiento de la Denominación de Origen Pla de Bages en el año 1995. Hoy, la DO agrupa varias bodegas repartidas por municipios como Manresa, Artés, Sant Fruitós de Bages, Fonollosa, Salelles o Maians. Un territorio que da carácter al vino El Bages tiene un microclima mediterráneo de media montaña, con inviernos marcados, lluvias escasas y veranos calurosos. Los suelos ondulados y poco ricos favorecen rendimientos bajos, pero también una uva de gran calidad. Estas condiciones explican el carácter equilibrado y singular de los vinos de la DO Pla de Bages. El picapoll y otras variedades autóctonas La variedad más emblemática de la denominación es el picapoll, una uva autóctona de grano pequeño y piel fina, con pequeñas manchas características. Tiene una maduración tardía y da lugar a vinos blancos afrutados, frescos y brillantes. Junto al picapoll, también se elaboran vinos con variedades como el ull de llebre, el cabernet sauvignon, el macabeo y el chardonnay. El resultado son tintos y rosados aromáticos, y blancos ligeros y elegantes. Patrimonio de piedra seca y paisaje del Bages El Bages conserva uno de los paisajes de piedra seca más singulares vinculados al mundo del vino. Barracas de viña, bancales y tinas dibujan un territorio modelado durante siglos por el trabajo de los campesinos y por la fuerza de la tradición vitivinícola. Las barracas de viña, repartidas entre campos y bosques, servían para guardar herramientas y ofrecer refugio, y hoy continúan explicando la relación profunda entre la tierra, la viña y la vida rural. Uno de los mejores lugares para descubrir este legado es el valle del Flequer, dentro del parque natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac. Aquí, un itinerario de unos 5 km permite recorrer un conjunto excepcional de barracas, bancales y tinas construidas en medio del paisaje. Las tinas, o cubas, se utilizaban para elaborar vino a pie de viña y son una muestra única del pasado vitivinícola de la comarca. Bodegas de la DO Pla de Bages La Denominación de Origen Pla de Bages agrupa hoy 17 bodegas herederas de una larga tradición vitivinícola en una comarca que, en el siglo XIX, llegó a ser la que tenía más viñedo de Catalunya. Mayoritariamente son explotaciones familiares y todas trabajan con viña propia, un hecho que favorece una relación muy directa con la tierra y un cuidado minucioso de todo el proceso, desde la cepa hasta la copa. Este vínculo estrecho con el territorio se traduce en vinos con personalidad y en una manera de hacer cercana y auténtica. Para completar la experiencia, varias bodegas de la zona abren sus puertas al visitante y ofrecen visitas guiadas y catas. Es el caso de Abadal, Heretat Oller del Mas, Solergibert, el Celler Cooperatiu d’Artés, el Celler el Molí, el Celler Grau i Grau o Fargas-Fargas.