La DO Empordà nace en uno de los paisajes más fascinantes de Catalunya, donde la viña convive con el mar, la luz mediterránea y la fuerza de la tramontana. En este territorio lleno de carácter, el vino también se expresa con personalidad propia: vivo, auténtico y profundamente ligado al lugar donde nace. DO Empordà: un paisaje de viña, mar y tramontana La tradición vitivinícola del Empordà se remonta a los griegos, que fundaron Empúries e introdujeron el cultivo de la vid en este territorio. Durante siglos, sus vinos circularon por el Mediterráneo y fueron apreciados en importantes centros comerciales de la antigüedad. La viña forma parte de este paisaje desde hace más de dos mil años, y todavía hoy continúa definiendo muchos de sus rincones. Pasear por el Empordà es encontrar cepas, pueblos con tradición campesina y bodegas que han sabido mantener el vínculo entre memoria e innovación. Vinos de la DO Empordà Los vinos de la DO Empordà destacan por su diversidad. Conviven blancos, rosados, tintos y vinos dulces que comparten un mismo hilo conductor: carácter mediterráneo, autenticidad y una fuerte conexión con el paisaje. Los rosados suelen ser afrutados y golosos; los blancos, frescos y sabrosos; y los tintos, equilibrados y expresivos. También ocupa un lugar especial la garnacha del Empordà, un vino dulce tradicional que forma parte del patrimonio vinícola de la zona. La denominación vive, además, un momento de consolidación. En los últimos años ha superado los 6 millones de botellas vendidas y continúa reforzando su proyección gracias a una oferta cada vez más variada y a una clara apuesta por la calidad. Variedades propias y sabores con identidad Si hay una palabra que define la DO Empordà es identidad. El Empordà es tierra de cariñena y garnacha, las grandes protagonistas del viñedo ampurdanés. Hoy, dos de cada tres cepas de la denominación corresponden a variedades autóctonas, lo que explica buena parte de su singularidad. Junto a estas variedades también tienen lugar el macabeo, el moscatel, el xarel·lo o variedades internacionales que se han adaptado bien al territorio. Esta combinación permite elaborar vinos con matices muy diferentes, pero siempre reconocibles. Son vinos que hablan de un entorno concreto, de una luz determinada y de una manera de hacer que mira al futuro sin perder la raíz. Bodegas con historia y personalidad La denominación cuenta actualmente con 51 bodegas, entre proyectos grandes y pequeños, históricos y familiares, cada uno con una manera propia de interpretar el territorio. Perelada, por ejemplo, recupera una tradición vitivinícola vinculada al castillo desde el siglo XIV y mantiene hoy una propuesta enoturística muy consolidada. En Capmany, Oliveda es uno de los nombres históricos de la denominación. Es una bodega familiar fundada en 1948 que combina elaboración, visitas y museo. En Cantallops, Vinyes dels Aspres ofrece una mirada más pequeña y artesanal, centrada en vinos singulares elaborados principalmente con variedades autóctonas y uva de viñedos propios. Y en el Baix Empordà, Mas Oller suma el encanto de una pequeña bodega con una elaboración moderna en un entorno rural muy cuidado. Descubrir el vino del Empordà: ferias, visitas y catas El vino ampurdanés también se vive en la calle y durante todo el año. La DO Empordà impulsa y recoge citas destacadas como la Mostra del Vi de l’Empordà, Arrels del Vi en Sant Martí d’Empúries, el festival Vivid, Tocs de Vi o la Festa de la Verema, que permiten catar vinos, conocer bodegas y acercarse a la cultura del vino en un ambiente abierto y festivo.