En abril, los huertos catalanes se tiñen de verde y vuelven a llenarse de vida tras el frío del invierno. Guisantes dulces, habas verdes, espárragos, alcachofas y coles llenan los mercados y las cocinas en su momento óptimo de sabor y frescura. Es el tiempo ideal para salir al campo, descubrir cómo trabajan los productores y celebrar el regreso de la cocina más fresca y natural a nuestras mesas. Los tesoros verdes de la primavera Con la llegada de la primavera, el paisaje rural catalán se transforma. Es el momento más esperado por los campesinos, que ven cómo el campo vuelve a ofrecer cosechas tiernas y sabrosas, así como por los amantes de la cocina de mercado y de temporada. Regresan a la mesa una gran variedad de ingredientes frescos y en su punto óptimo de sabor y de calidad, lo que permite recuperar la tradición y la creatividad en la cocina. Las hortalizas son protagonistas en muchos lugares de nuestra geografía durante esta época del año, especialmente en el litoral central y en los campos que todavía sobreviven en el área metropolitana, pero también más allá, como en las zonas del interior. Sin embargo, cada región aporta su personalidad particular. En el Maresme, los guisantes –la “perla verde” de esta comarca– se han convertido en un símbolo gastronómico por su sabor dulce y delicado, mientras que en el Vallès destacan las coles. La huerta también es importante en el Baix Llobregat, con las alcachofas de El Prat y los espárragos de Gavà, que tienen una larga tradición agrícola. Y en el interior, concretamente en el Segrià, son las habas verdes las que anuncian la llegada de la primavera. Una experiencia para toda la familia Esta época del año es ideal para vivir experiencias de turismo rural y gastronómico que nos conectan con el origen de los alimentos y con los productos más naturales. En todo el territorio, los campesinos nos permiten descubrir de cerca el ciclo de la tierra, entender de dónde viene lo que comemos y disfrutar de los sabores más auténticos de cada temporada. Durante el mes de abril, Cataluña se llena de ferias y rutas que celebran el producto de proximidad y visitas a los cultivos. El Maresme y el Baix Llobregat se convierten en epicentros de la actividad, con propuestas para conocer a los campesinos locales y degustar platos tradicionales. En Sant Andreu de Llavaneres, la Fiesta del Guisante Garrofal combina el mercado de productos de proximidad con degustaciones creativas, showcookings y talleres lúdicos y educativos para toda la familia. Muy cerca, en Caldes d'Estrac, la tradicional Pesolada llena las calles de aromas y platos elaborados con la “perla verde”, ya que los restauradores locales preparan delicias culinarias con el guisante como ingrediente básico. Más al sur, en El Prat de Llobregat, la Fiesta de la Alcachofa propone descubrir los campos del delta con visitas guiadas y ofrece una muestra gastronómica con catas y platos elaborados por cocineros locales. Y en Gavà, la Feria de Espárragos, con casi un siglo de historia, reúne agricultores, artesanos y visitantes para celebrar otro de los símbolos de la huerta del Baix Llobregat con exposiciones agrícolas y talleres familiares. Para quienes prefieren conectar con la tierra, otras iniciativas, como Tugas Pagès o La Cistella de Montgai, ofrecen visitas guiadas en explotaciones agrarias durante las que se pueden realizar talleres, recoger verduras y disfrutar de una experiencia rural en familia. A través de la iniciativa Bienvenidos a Pagès se pueden encontrar numerosas experiencias de agroturismo que permiten vivir de primera mano la vida en el campo, valorar el producto local y entender la labor esencial de los campesinos y campesinas.