Cuando llega noviembre, los bosques catalanes viven una magnífica eclosión. Tras las lluvias del otoño, y con la llegada del frío, las setas se convierten en los grandes protagonistas gastronómicos de Catalunya. Bajo las encinas, los pinos y los hayedos, aparecen setas de Burdeos, níscalos, rebozuelos, negrillas y muchas otras especies que hacen que esta época sea una de las más apreciadas por los amantes de la gastronomía. Preciadas y efímeras, las setas son un producto que marca el calendario culinario. A la brasa, salteados con ajo y perejil, guisados o incorporados a un buen arroz o a un fricandó, ocupan un lugar privilegiado en las cocinas catalanas y forman parte inseparable de la tradición local. Esta actividad gastronómica no se entiende sin la cosecha en nuestros bosques: el olor a humedad, el crujido de las hojas secas y la sorpresa de encontrar una seta monumental o un grupo de rebozuelos hacen que esta experiencia sea casi un ritual para muchos. Una práctica ancestral: el origen del "boletaire" catalán En Catalunya, la tradición de recoger setas es antigua y está profundamente arraigada. La búsqueda de setas como alimento de otoño es una práctica ancestral vinculada a la cultura popular. Forma parte del folclore y de la gastronomía local desde tiempos inmemoriales, particularmente, en las zonas boscosas y de montaña, donde ha sido durante siglos una actividad familiar vinculada al conocimiento del territorio cercano y al aprovechamiento de los recursos de la naturaleza. A diferencia de otras regiones de Europa, donde la micología popular es más reciente, en Catalunya la figura del "boletaire" o buscador de setas tiene una dimensión cultural e histórica: se transmite de generación en generación, forma parte de la memoria de los pueblos de montaña y conecta a las personas con los ritmos del bosque. Hoy en día sigue siendo un ritual de otoño para muchas parejas, familias y grupos de amigos: una forma de reencontrarse con la naturaleza y de explorar a la vez recetas culinarias nuevas y tradicionales. ¿Dónde podemos encontrar las setas? Aunque son un producto salvaje e imprevisible, la relación con el territorio es absoluta: cada comarca tiene sus bosques predilectos, sus clases de setas e, incluso, sus propias tradiciones "boletaires". Es, además, una especie muy extensa, por lo que podemos encontrarla fácilmente en las zonas de montaña de todo el territorio. Desde las cotas altas de los Pirineos hasta los picos costeros de la Cordillera Litoral, en Catalunya se ha consolidado una larga historia "boletaire". Cada territorio presume de variedades que, aunque son comunes, tienen una identidad propia gracias al clima y al suelo. Los níscalos, por ejemplo, encuentran su hábitat ideal en los bosques de pino silvestre del Berguedà y de abetos en el valle de Aran; las setas de Burdeos destacan especialmente en los hayedos del Montseny y las Guilleries, y los rebozuelos y la trompeta de los muertos llenan los bosques de Osona y la Garrotxa. Todo ello forma parte del patrimonio natural y cultural de Catalunya.