Alejada de las rutas masificadas y bajo el refugio protector de los imponentes riscales de las sierras de Montsant y de Llaberia, la comarca del Priorat presenta un territorio abrupto de colinas esculpidas y mosaico agroforestal donde conviven viñedos, olivos centenarios, almendros y avellanos. Es el espacio compartido por dos denominaciones de origen con identidad propia: la legendaria DOQ Priorat (la única denominación de origen calificada de Catalunya) y la DO Montsant, la revelación consolidada y aplaudida del panorama vinícola mundial. Recorrer la Ruta del vino DOQ Priorat / DO Montsant: una comarca, dos DO es adentrarse en el alma del vino, en un territorio de suelos diversos, viñedos viejos de garnacha y cariñena, silencio profundo y una luz que parece hecha de tiempo concentrado. Ven a descubrirlo y disfrutarlo. Una historia antiquísima La historia del vino en la comarca del Priorat es antiquísima: fenicios y romanos ya se interesaban, pero el gran impulso llegó de la mano de los monjes cartujos que, en el siglo XII, fundaron la Cartoixa d’Escaladei, la primera cartuja de la península ibérica. Según la leyenda, un pastor soñó con unos ángeles que subían y bajaban del cielo por una escalera apoyada en un pino monumental; en ese mismo punto, fue donde se construyó el monasterio. Ellos extendieron el cultivo de la viña. Un paseo silencioso a través del conjunto monumental de la Cartoixa d’Escaladei significa realizar un viaje de extrema emotividad, descubriendo cómo el saber monástico de la Edad Media fijó las reglas de estas tierras. A principios del siglo XX, tras los estragos de la filoxera, la resistencia y compromiso de los campesinos se vehiculó a través del cooperativismo, dando lugar a edificios que hoy en día son auténticos monumentos de la historia arquitectónica del país: las “catedrales del vino”. Diseñadas por Cèsar Martinell (el arquitecto discípulo directo de Gaudí), visitas de primer nivel arquitectónico como las de la Cooperativa Falset Marçà o la Cooperativa de Cornudella de Montsant muestran cómo el modernismo supo adaptar sus vueltas parabólicas a las necesidades técnicas del vino. A finales de los años ochenta, una nueva generación de viticultores apuesta por la renovación de un territorio que había quedado prácticamente abandonado hasta posicionar a la comarca como elaboradora de grandes vinos.