Cuando pensamos en el queso, es fácil que nuestra imaginación nos transporte a los prados de Francia, Suiza o Italia. Pero, para degustar un delicioso ejemplar de este derivado lácteo, no hace falta ir tan lejos. Aquí mismo, en Cataluña, la tradición quesera está muy arraigada, en la que cada comarca aporta su carácter propio. Desde las montañas de los Pirineos hasta la costa, pasando por las llanuras interiores, en Cataluña hay numerosas queserías artesanas que elaboran un producto de una calidad excelente. Cuando empieza la transhumancia estival –cuando los rebaños suben a pastar a la alta montaña–, el mes de junio es especialmente importante dentro del ciclo quesero artesanal, pues coincide con el momento de máxima calidad de la leche. Es, pues, el momento ideal para recorrer Cataluña y probar su producto lácteo estrella: el queso de vaca, de oveja o de cabra. Rutas y ferias para degustar el queso catalán No hay mejor forma de experimentar el queso que degustándolo. Por eso, durante el mes de junio se organizan rutas queseras, visitas guiadas y catas que permiten conocer el trabajo de los ganaderos y artesanos, descubrir el proceso de elaboración de los productos y ofrecer al paladar lo mejor de los sabores. Una experiencia turística diferente, que nos conecta con la naturaleza y nos activa todos los sentidos. Repartidos por toda la geografía catalana hay decenas de actividades abiertas al público. El Làctium, que se celebra cada año en Vic, es una de las principales fiestas de nuestro queso, en las que el público encuentra una gran oferta de este producto. Hay talleres, cocina en directo, entrega de galardones e incluso actividades para toda la familia. También destaca la Feria de Sant Ermengol, una de las más antiguas de Cataluña y que reúne en La Seu d'Urgell productores de los Pirineos. Un escaparate del queso de montaña que incluye concursos, catas, rutas gastronómicas y actividades culturales. Una historia con raíces en la montaña El queso tiene una larga historia en Cataluña especialmente vinculada a la ganadería y a la tradición rural. Por eso, su producción se remonta varios siglos atrás, prácticamente hasta la época romana, como en muchos otros países europeos. Eso sí, aquí esta práctica está muy arraigada en los pueblos de montaña de los Pirineos, donde era más habitual encontrar rebaños productores de leche y donde transformar la leche en queso permitía conservarlo durante largas temporadas. A pesar de los años, la tradición quesera se ha mantenido particularmente activa en los Pirineos. A lo largo de toda esta extensa cordillera encontramos algunas de las mejores granjas artesanas de quesos del territorio. Pero no solo elaboran excelentes quesos en las zonas de pasto de alta montaña del Ripollès y de la Garrotxa, o de los verdes valles del Alt Urgell y del Pallars Sobirà. También en el interior, como en la Segarra, o en la costa, como en el Empordà, podemos degustar unos quesos exquisitos que ofrecen todas las gamas de sabores: desde quesos intensos hasta otros suaves y aromáticos.