El tomate es, probablemente, la hortaliza más preciada de la cocina catalana. Aunque tiene un origen lejano, es hoy un símbolo de nuestra gastronomía y un ingrediente imprescindible durante todo el año, pero especialmente los meses de verano. Crudo, en conserva, frito, rallado o convertido en salsa, el tomate está presente en todos los hogares y ocupa un lugar privilegiado en platos tan emblemáticos como el pan con tomate. En verano, los huertos viven el punto álgido de la cosecha, y agosto es, sin duda, su momento culminante: en medio de un calor abrasador, la tierra nos ofrece los mejores ejemplares, con un sabor, un aroma y un frescor máximos. En ninguna mesa puede faltar una buena ensalada en la que el tomate, mojado en aceite y sal, sirve de refrescante natural. Y son muchas las cocinas que en verano echan humo para preparar las conservas caseras que garantizarán un tomate de calidad durante todo el año. Un ingrediente adoptado, pero muy catalán El tomate no es un producto históricamente arraigado en Catalunya. De hecho, el origen de la planta silvestre es el continente americano, y en Europa no se conoció hasta los primeros contactos con el Nuevo Mundo, a finales del siglo XV. Desde ese momento, la evolución fue lenta pero profunda: de una curiosidad botánica pasó a convertirse en un alimento cotidiano en nuestro país que disfruta de un consumo masivo. Su conexión con la cocina catalana ha hecho que sea una hortaliza arraigada en nuestra tierra, hasta el punto de que el tomate se cultiva en todo el territorio. Ahora bien, algunas comarcas, como el Maresme, el Baix Camp, el Vallès, el Bages y el Penedès, han consolidado una larga tradición productiva, con variedades locales que no solo son más sabrosas, sino que además constituyen el patrimonio agrícola catalán. Tenemos tres variedades de tomate muy nuestras. El de Montserrat es probablemente la variedad catalana más emblemática: aunque estuvo a punto de desaparecer de las huertas del Bages, se ha recuperado y es el ingrediente ideal para una refrescante ensalada. En el Maresme destaca el tomate "pometa", una variedad autóctona de un color rojo intenso y con un sabor muy dulce. Además, hay numerosas iniciativas que trabajan para conservar semillas de variedades tradicionales en el Vallès Oriental con el objetivo de mantener vivos estos productos. El tomate en la cocina Hoy, es imposible entender la cocina catalana sin el tomate. Su presencia es tan profunda que no solo forma parte de recetas elaboradas, sino también de la base de la alimentación diaria. Por otro lado, es un producto que permite elaborar un sinfín de platos. Más allá del pan con tomate, es el ingrediente base de sofritos y salsas en los estofados o en el fricandó, de acompañantes clásicos como el romesco o la chanfaina, y de platos refrescantes como la "esqueixada" o la "xatonada". Una fantástica opción refrescante para un ágape de agosto es el tomate rosa relleno de "empedrat": se vacían los tomates y se rellenan con una mezcla de judías cocidas, cebolla, perejil, anchoas y boquerones, y luego se aliña con vinagre, aceite y sal. También podéis probar las gambas, gratinadas con pan rallado y queso parmesano, con tomate. Son dos platos de verano muy catalanes porque combinan productos de proximidad con ingredientes frescos, propios de la gastronomía mediterránea. En cuanto a las opciones de maridaje, el tomate combina de maravilla con vinos rosados ligeros y frescos, especialmente los de la DO Catalunya y la DO Pla de Bages. Su acidez natural equilibra el dulzor del fruto y potencia el aroma mediterráneo de las variedades tradicionales. También puede maridar con algunos blancos jóvenes o espumosos si se busca un contraste más vivo.